Poemas

Hamid Skif

Traducción de Mireya Porta Arnau

Homenaje

Mujeres sentadas en los recovecos del tiempo
los rincones tiernos de la edad
Mujeres sometidas a la corrosión
de las miradas ácidas
de las amenazas susurradas
y rugidas

Mujeres de tierra y agua
palpitantes al primer silbido
de Adán

Los manzanos han desviado sus promesas
y las carretillas ya no toman
los senderos que llevan a los prados

Las cimas veladas se callan
para escuchar las águilas calvas que se afilan el pico
y las hormigas han detenido la caravana en la cresta de
las dunas doradas

Mujeres de cáñamo y hierbas locas
sometidas y vencidas a la primera sonrisa
de la creación

Mujeres de palmeras y fuentes
atrapadas en el golfo de las habladurías
los juegos infantiles han abandonado a la casada
y en los ojos os tiembla el fuego alimentado
por las riñas amorosas

Mujeres sentadas en los laberintos de
la pasión cosechada por los gritos
del alumbramiento

Mujeres del ayer, del mañana
sobre la tierra maltratada
y adornada por vuestras manos
siempre quedará en alguna parte
una boca para ensalzaros y gritar
con tozuda esperanza que sois
el canto del mundo no consumado

Mujeres soberanas de los tiempos
antiguos y las conquistas futuras
sobre las olas y en los vientos
Llevadas por las chalupas
de vuestros cuerpos molidos

Un día no quedará en esta tierra
más que un hombre para adoraros y
amaros
Será guardián del paraíso

Eva habita en Palestina
y en el Sahara se detienen las olas
al pie de una mujer desnuda
armada de una sola sonrisa para desazonar
a los farautes de la muerte

En cada mujer comienza el mundo
y lo decís tan tranquilamente
en el tono de los susurros graves
que recuerdo haber aprendido de mi madre
los secretos de vuestra búsqueda

¿Dónde estáis pues mujeres de mis deseos
cascos de jarra en la tierra perdidos
fragmentos de silencio y heridas abiertas
a mis ojos de niño vestido sólo de vuestras
promesas?

 

Contra poema

El hombre que lo escribió vive
en una excalle
Ya es un exhombre

Suicidado

Con el corazón embravecido
recobra vida

El verbo incandescente
La fiebre en la boca
Desgarra sus palabras
para hacer de ellas una conciencia ametralladora

 

Flores del Paraíso

Un hombre solo andaba en el prado
Su sombra le pesaba

La llevaba en brazos, atravesada

Y le goteaba
a lo largo del camino

El hombre estaba triste
Quería comerse los propios sesos
y los pies
Para olvidar el tiempo
Vivido en balde

El mármol estaba caliente
Depositó en él su alma y soltó un largo llanto
para regar las flores del paraíso.

 

Vivir

Vivir
de terror acongojado
De una
palabra vencida
De noches de espanto
Vivir de la amenaza
Vivir
respirando sin ruido
Detrás de la puerta
Las persianas cerradas
Vivir de los ruidos callejeros
De un coche que se detiene
De una voz apenas audible en el rellano
De una llamada telefónica
De voces anónimas
De un cañonazo a lo lejos
De una bala perdida
De una bala que ha matado
De una navaja oxidada degollando al amigo
Vivir y morir
con los ojos
los rostros queridos

 

¿Qué vas a decir?

A los misioneros en pena de caridad
A los solidarios
que bañan su lengua en tus heridas
A los amigos que se compadecen de tu suerte
¿Qué les vas a decir?
¿Les contarás tu vida de forma escalonada?
¿Llenarás la escarcela de su conciencia
Sacudirás las palmas de su capilla
o
Enarbolarás la tozuda bandera de tu desamparo?

 

Traducciones de Mireya Porta Arnau