Poemas

Poesía

María José Martínez

Materia de la vida

Hombre y mujer, creced,
creced por siempre.
Ardua tarea es.
Deshilvanar curiosos la madeja
que nos dieron cerrada;
abridla y alargarla,


vivir siguiendo el hilo,
reconocer las cosas, entenderlas,
y en ese conocer ser poco a poco.
¿Es esta la materia de la vida?
¿Es la razón de ser, conocimiento?
Difícil entender,
difícil este intento que incluye
la visión de mil aristas,
y los aconteceres que yo tomo
ya son parte de mí,
y forman dentro,
el resumen del todo que yo veo.
Otros vendrán detrás,
con otros ojos,
creando el firmamento.

 

Me he vestido de hermosura

Me he vestido de hermosura
rociando mi cuerpo con tu aroma.
Me he vestido de ti,
contigo siempre en mi cabeza,
tú, el único heredero de mi vida,
viviendo el tiempo hermoso
como sólo puede vivirse
amor de hombre.
Plena luz de amor en cada día.
Dulce sombra en la noche.

 

Sábanas blancas

Sábanas blancas,
enredos,
piernas con sedas al alba,
tapas de nácar,
recuerdos
de aquella tarde tan larga.
Amor de mar,
con los pechos
cantando en la encrucijada.

 

De mi árbol cuelgas guirnaldas

De mi árbol cuelgas guirnaldas
de luces, que al aire suenan,
y yo no escucho porque
estoy dentro de mis venas.
Cuando salga tocaré
campanas para que vuelvas.

 

Lugar oscuro

Lugar oscuro,
cristal opaco,
olvido seco,
inútil campo.
¿Quién tiene el sueño?
Tú, mientras tanto.
Luego la nada,
lógico estado.
Sigue el camino,
otros demandan.
Sueños hermanos,
¿dónde remansan?
No existe sitio.

 

Apura y lucha ya

Apura y lucha ya.
Ahuyenta fiero
el dulce bienestar del “te prometo”.
Desoye a la ciudad
y aleja el miedo,
rumbo a la eternidad de tu deseo.
Deja de lamentar
el negro infierno.
Sobra tienes de ti: Yergue tu cuerpo.

 

Coplilla

¿Cómo es el agua, madre,
cómo es el agua?
Yo no la entiendo. Tiene
el son del aire,
el color de las hojas,
a veces cieno,
o de azul suspirante
o nada tiene
en los días helados
o en la mañana
cuando casi no veo.
¿Cómo es el agua, madre?
Y el niño preguntaba,
estando quieto,
sobre sus piernecillas
como dos huesos
que parados miraban
agua y luceros.

 

Tiempo

En este espacio en el que nos movemos
no he llegado a entenderte.
Que si no existes,
que si la eternidad,
que si eres una fórmula…
¿Fuiste primero tú o te crearon
como simple capricho de un espíritu que,
tan raro como tú,
era sin ser?
¿Qué gesto trazó ese aire impreciso
borrando tus límites
que, cual seda de agua, no tienen color?
¿Fuiste tú el magma grandioso
del que desgranaron
granos de vigilia para nuestras vidas?
Si en el principio fue un impulso
de quién no se sabe con qué gesto lo ordenó,
¿para qué discurrir
si nunca te alcanzo,
si nunca te entiendo,
si nunca te tengo?
Tiempo extraño a mí, como la vida,
tiempo que puedo abandonar, sin dejar rastro,
ya no quiero saber nada de ti en este intento.

Del Autor

María José Martínez
Natural de La Coruña, es licenciada en Farmacia por la Universidad de Santiago de Compostela. Ha publicado El Gran Cardenal-Los Comuneros de Madrid (Novela histórica, Editorial La Librería,  Madrid, 2005); ¡Viva el rey!, (recreación teatral de la procesión del Corpus en el Madrid de Felipe IV, Editorial Ñaque, Madrid, 2008); Los Iluminados y la Inquisición (Novela histórica. Ed. Endymión, Madrid, 2009); La Voz que Falta (Poesía, Editorial Torremozas, Madrid, 2010); Don Antonio Machado. Un breve recorrido por su vida y su obra (Ensayo, Editorial Endymión, Madrid, 2010) y Conversaciones para un hombre solo (Teatro, Ediciones Antígona, Madrid 2011). Próximamente publicará la novela Yo, Venus. Una bomba para un rey.