¿Venecuba o Cubazuela?: ¡Cubazuela! (De momento)

Leonel Antonio de la Cuesta

En el segundo número de OtroLunes publiqué un artículo titulado “¿Venecuba o Cubazuela? Reflexiones sobre una posible (con) federación” donde planteaba la posibilidad de una fusión entre Venezuela y Cuba mediante la formación de una confederación o federación de Estados; y citaba las declaraciones al respecto del entonces vicepresidente de Cuba Dr. Carlos Lage Dávila y del hoy exministro de Relaciones Exteriores Felipe Pérez Roque. En dicho artículo concluía que con los datos manejados en ese trabajo todo hacía prever el fracaso del proyecto unificador.

Después de publicado el artículo acaecieron una serie de hechos que impactaron el desarrollo de la susodicha unión interestatal. En primer lugar, la defenestración de Lage y Pérez Roque y, quizá más importante aún, la entronización en el poder de Raúl Castro tras el retiro por entregas de Fidel Castro, quien primero se ausentó de su cargo de presidente del Consejo de Estado, lo renunció después, y finalmente le cedió a su hermano menor la jefatura del Partido Comunista de Cuba. A todo esto habría que sumar la recentísima enfermedad de Hugo Chávez y sus estadías sanitarias en Cuba a las que me referiré más adelante.

Todo parece indicar que la unión de Estados de jure se ha descartado, pero ¿se estará intentando una unión de facto? Si se revisa la prensa, fundamentalmente en mi caso El País de Madrid, España, así como la de Miami, Florida, se nota varios hechos interesantes que abundan en lo que acabo de exponer.

Antes de seguir adelante debo señalar que desde hace algún tiempo Chávez viene mostrando un extraordinario afecto, casi que se puede decir cariño, hacia Fidel Castro. Parece como si lo considerara su padre espiritual, o mejor, su padre revolucionario de cuya herencia histórica quisiera ser beneficiario1.

Al serle diagnosticado un cáncer (todavía no sabemos de qué tipo) Hugo Chávez decidió salir a toda prisa para La Habana sin ni siquiera delegar oficialmente sus poderes en el vicepresidente Elías Jaua. Resulta todavía más sorprendente que durante dos semanas Chávez permaneciera en un silencio propio de un monje trapense. Tal pareciera que le estaba haciendo caso a la célebre admonición del rey Juan Carlos I2, este silencio resulta todavía menos explicable en vista de la personalidad histriónica del mandatario venezolano. Tras ser operado el 20 de junio reapareció en Caracas para intervenir sin mucho ángel en las fiestas patrias del verano y declarar que sufría de un tumor inguinal con células cancerígenas. Pareciera que le temía a la palabra cáncer. Esto es comprensible. Tuve una experiencia parecida (el mío fue un sarcoma en la región lumbar) y sé que la palabreja conjura miedos y temores lógicos dada la alta tasa de mortalidad del mal. No ha habido hasta ahora un sólo parte médico indicativo del tipo de cáncer, ni su nivel de agresividad, ni de su etapa de desarrollo. Todo lo que sabemos del cáncer de Chávez lo sabemos por boca de Chávez. Esto contrasta con la enfermedad final de Franco durante la cual sus médicos publicaban frecuentemente partes sobre la salud del enfermo. De igual manera durante la enfermedad del presidente brasileño Tancredo Neves se mantuvo bien informado al pueblo de Brasil. También en el caso del cáncer de Lula Da Silva y el del presidente Lugo del Paraguay. Quisiera agregar que curiosamente la palabra muerte ha desaparecido de los gritos de exaltación revolucionaria como “Patria, Socialismo o Muerte”, ahora astutamente se habla de vida… la vida de Chávez, claro está.

Ahora bien, que el jefe de un régimen autoritario y despótico entregue el cuidado de su salud a los nacionales de un país extranjero implica obviamente que estos últimos tienen un enorme ascendiente sobre el cuitado y que podrían ejercer una gran influencia sobre sus decisiones políticas siquiera fuese indirectamente. Pero hay más. Los cubanos castristas están ubicados (no puede hablarse de infiltración ya que la intromisión es consentida) en puntos neurálgicos del poder chavista de forma que prácticamente son el poder detrás del trono. Vuelvo ahora al Chávez enfermo.

Tras hacerse ver en Caracas, Hugo Chávez regresó a Cuba, esta vez con permiso de la Asamblea Nacional y dejó a Jaua a cargo de la presidencia. La nueva visita médica se explicó por el hecho de tener que someterse a un tratamiento de quimioterapia. Después regresó nuevamente a Caracas y anunció que el próximo ciclo de quimioterapia lo recibiría en el Hospital Militar “Carlos Arbelo” de Caracas y que la duración del mismo sería de unos cinco días. ¿Por qué Chávez tuvo que ir a La Habana para ser operado y recibir dos sesiones de quimioterapia? Sé por experiencia propia que la palabra quimioterapia suena tétrica, macabra, pero en realidad no es un tratamiento para el cual se necesite ningún equipo súper sofisticado. Claro que es necesario una constante supervisión médica y que debe administrarse en una instalación hospitalaria por sus efectos secundarios: vómitos, caída del cabello, debilidad, baja de las defensas, alucinaciones, etc. Sin embargo, no hay que internarse en la Clínica de los Hermanos Mayo o en Cleveland Clinic. La quimioterapia está destinada a matar las células cancerígenas que puedan haber quedado tras la extirpación del tumor canceroso. Generalmente después se aplica radioterapia en el sitio donde estuvo el cáncer. A partir de entonces se abre un período de cinco años durante el cual hay que chequearse cada seis meses. Al final de ese lapso, si todo anda bien, se considera curado el paciente3. El 7 de septiembre Chávez declaró que su tratamiento post operatorio terminaría entre finales de octubre y principios de noviembre. Después volvió una vez más a La Habana para hacerse un chequeo general.

Repito aquí mi anterior pregunta: ¿Por qué Chávez tiene que ir a La Habana para atender su salud? Aparte de recibir las solícitas atenciones de Fidel Castro, a Chávez le resulta más fácil en La Habana mantener el secreto de la evolución de su enfermedad. En Caracas todavía subsisten algunos resquicios de libertad de prensa. Chávez confía en el sigilo de los cubanos castristas y dado el secretismo rayano en lo ridículo con que está llevando su dolencia se siente mejor bajo el ala protectora de Raúl Castro y sus corifeos. Recuérdese que solamente cinco días del tratamiento han transcurrido en Caracas dentro de un período que comenzó en junio de 2011. Versiones de prensa publicadas a fines de agosto en esa ciudad afirmaron que el delicado estado de salud de Fidel Castro explicaba la decisión de Chávez de no ir a Cuba para su nueva sesión de quimioterapia. El autor de la información, el periodista Nelson Bocaranda, hizo pública esta noticia en su columna “Runrunes” del diario caraqueño El Universal. Si esto fuera cierto sería una prueba más de la conexión profunda de Hugo Rafael Chávez Frías con los avatares cubanos. Sin embargo, no veo con claridad la relación de causa efecto entre una cosa y la otra.

En realidad la injerencia cubana en Venezuela va más allá de lo relacionado con la enfermedad de su jefe de Estado. Los anillos de seguridad de Chávez están formados o dirigidos por cubanos. Cubanos son los pilotos del avión presidencial así como los auxiliares de vuelo encargados de servir las comidas y las bebidas abordo. Me han asegurado que también son cubanos quienes prueban las comidas que ingiere Chávez. Es sorprendente (de ser cierto) que en pleno siglo XXI se mantenga en pie este antiquísimo oficio que alcanzó su mayor esplendor en la Roma de los Borgia.

Más allá del entorno próximo de Hugo Chávez, la seguridad del Estado venezolano está en manos de la Seguridad cubana. Por cierto que hace poco recibió la visita de inspección de Ramiro Valdés, el siniestro jefe del G2 de la Isla. Esta sombra de los Castro se extiende al servicio de Inmigración y Aduanas. Un amigo peruano residente en Estados Unidos, me contó que al pasar por Caracas fue entrevistado por varios “segurosos” cubanos que le propusieron que recolectara y les enviara datos de la prensa de la ciudad americana donde reside. Además, recientemente (escribo en noviembre de 2011) se ha publicado que una empresa cubana está a cargo de imprimir las cédulas de identidad venezolanas, instrumento que sirve para sufragar. Esta manipulación de la cedulación es típica de los gobiernos dictatoriales del ALBA como ocurre en la Nicaragua de Daniel Ortega y en el Ecuador de Correa4. Así pues gracias a Chávez los cubanos deciden en parte quién vota y quién no vota en Venezuela. Además, aunque esto se salga un poco del tema, no puedo dejar de consignar una noticia reciente relacionada con las jugarretas ilegales del chavismo en materia de sufragio. El Nuevo Herald en su edición del 9 de septiembre, p. 11A, informa que Thibisay Lucena, presidenta del organismo electoral venezolano, había hecho saber a los venezolanos que habitan en el extranjero, a través de los consulados y embajadas correspondientes, que para sufragar será necesario no solamente la cédula de identidad sino también la prueba de ser residentes permanentes de los países en cuestión. La Constitución venezolana exige solamente la cédula de identidad. Históricamente los venezolanos residentes en el extranjero han votado en un 90% de las elecciones contra Chávez. Por lo tanto la instrucción de la camarada Lucena es inconstitucional. De esta manera elimina de cuajo a los refugiados políticos y entorpece la participación de los indocumentados. ¿Esta medida le habrá sido sugerida por sus asesores cubanos?

La presencia castrista abarca la supervisión de las notarias públicas, lo que facilita saber qué se vende a quién; el contenido de los testamentos otorgados ante notario; la constitución de sociedades civiles y mercantiles, y en fin a todos los negocios jurídicos que se efectúen en los cuatro puntos cardinales de Venezuela. Por si a los compañeros que laboran en las notarías se les escapare algo, también hay supervisores cubanos en los registros públicos. Todo ello facilitará en su día los procesos de expropiación, evitando que se enmascaren bienes y efectivos mediante su trasmisión ficticia a personas de confianza de los afectados.

Un aspecto importantísimo de la injerencia castrista en Venezuela es el correspondiente al sector militar. Quizás lo militar constituya el mayor triunfo político de los hermanos Castro. Muchos de sus oficiales generales y superiores han realizado estudios en la Academia Militar de Frunze, el West Point ruso. Su capacidad guerrera en la práctica la probaron en los 16 años de guerra en África al servicio de la fenecida Unión Soviética. No es raro pues, que la Cuba de Castro haya suministrado un buen número de instructores para el ejército venezolano, especialmente cara a un posible enfrentamiento con las fuerzas armadas colombianas que llevan casi medio siglo luchando contra las guerrillas de las FARC y otras bandas armadas. A mayor abundamiento, Hugo Chávez acaba de comprar miles de millones de dólares en armamentos rusos, los cuales por razones obvias los cubanos son expertos en manejar.

Por otra parte no me cabe duda que su presencia en Venezuela no sea bien vista por ciertos sectores de la Fuerza Armada venezolana. Un episodio reciente es buena prueba de ello. El general Antonio Rivero, ya en retiro, protestó vehementemente porque en los días 10, 11 y 12 de octubre se izó la bandera cubana en el fuerte Paranacay en la Ciudad de Valencia sin que hubiera ninguna causa para ello. Recuérdese que el 10 de octubre es una fecha patria cubana pues marca el inicio de la Guerra de los Diez Años.

Si en el medio castrense la presencia cubana se hace sentir, mayor importancia tiene en la salud pública. Ya en mi anterior artículo antes citado, apuntaba que numerosos estudiantes venezolanos de ciencias médicas han ido a Cuba a formarse profesionalmente; por otra parte, hace ya años que muchas brigadas de médicos cubanos se han instalado en los barrios marginales o ranchitos para brindar asistencia médica gratuita. El personal sanitario incluye además de médicos, a dentistas, enfermeros, técnicos de laboratorio y rayos X, etc. Aunque estos profesionales reciben solo una parte del sueldo que Venezuela paga a Cuba, así y todo, una misión internacionalista a ese país significa devengar sus emolumentos en dólares y por ende poder ahorrar para edificar o reparar sus viviendas, así como para surtirlas de todos los útiles hogareños. Algunos han desertado gracias a un programa del gobierno estadounidense que brinda facilidades a los profesionales de la salud para insertarse en su profesión dentro de los Estados Unidos. En su edición del 17 de septiembre de 2011 El Nuevo Herald, p. 2A, informó que una de las condiciones puestas por el gobierno de La Habana para conversar sobre la posible liberación de Alan Gross era el cese de este programa. Así y todo no son muchos, pues salir de Venezuela no es tarea fácil. Como era de esperar los profesionales de la salud venezolanos no han dado una buena acogida a estos “intrusos” extranjeros que indirectamente constituyen un descrédito para los del patio. La ya narrada saga de Chávez y la medicina cubana ilustra el caso a los más altos niveles.

Donde menos éxito ha tenido la “invasión” cubana es en el sector de la educación superior. Aunque hay académicos de la Isla que enseñan o dirigen investigaciones en Venezuela, es evidente que la mayoría de los universitarios no apoya al chavismo5. En la Venezuela actual es curioso constatar cómo se pronuncian contra Chávez los estudiantes universitarios de todos los tipos de universidad, mezclándose los “sifrinos” (niños bien) que estudian en universidades privadas con los estudiantes de clase media y de origen proletario que estudian mayormente en universidades públicas, algo que sin duda hace revolver en sus tumbas a Lenin y a Marx.

Otro sector donde tampoco se ha manifestado con fuerza la presencia cubana es en el de los sindicatos, ni tampoco en aquellos medios de comunicación social que el gobierno de Chávez todavía deja funcionar.

Para finalizar quisiera volver a la figura de Hugo Rafael Chávez Frías, paciente de cáncer, ahora muy piadoso y hasta místico que comulga (¿confesará?) y se hace organizar plegarias ecuménicas. Por otra parte, resulta curioso constatar que Chávez no ha utilizado en su favor a una de las más típicas manifestaciones de la religiosidad popular venezolana, como lo es la figura del Dr. José Gregorio Hernández, un piadoso médico del siglo XIX que viene a ser como un santo católico no canonizado, pero sí a la diosa María Lionza, divinidad un poco borrosa pero adorada efectivamente en una autopista de Caracas y también en la montaña de Sorte en Yaracuy. Chávez también ha invocado, según la prensa, a “La Virgen, los santos y los espíritus de la sabana”. El 21 de setiembre se celebró en La Habana, en el pabellón Cuba, un “bilongo” por la salud de Chávez. En esta ceremonia se mezclaron invocaciones a las deidades del panteón yoruba cubano con deidades populares en Venezuela como el negro Felipe y el cacique Guaicapuro.

El Nuevo Herald publicó en su edición de 3 de septiembre de 2011, p. 12 A, una información según la cual en las últimas semanas Chávez “ha presidido animadas ceremonias de santería”. En mi artículo publicado en esta revista en su número 8 apunté como dato curioso que el señor Carlos Valdés, oriaté yoruba, hace un tiempo afirmó en la televisión hispana de Miami que Hugo Chávez se había hecho santo en 1993 durante una ceremonia dirigida por el propio señor Valdés6. De ser cierto todo esto la “cubanización” de Chávez sería absoluta, pues la santería es una religión animista llevada a Cuba por los esclavos africanos, la cual, después de 1959, se ha extendido por la Isla y en el exilio cubano. Se dice que es hoy la religión mayoritaria en Cuba7. No sería de extrañar que un día de estos se le posara a Chávez una paloma blanca en el hombro…

Cuando escribí sobre este asunto, o sea, la unión de Cuba y Venezuela en un solo Estado, lo hice en base a las declaraciones de Lage y Pérez Roque cosa avalada más tarde por el propio Chávez. Pensé, y pienso aún que Chávez quería heredar el medio siglo de luchas revolucionarias de Fidel Castro y a la vez crear el primer hito de la gigantesca federación de naciones hispanoamericanas soñada por Bolívar. Los dos defenestrados dirigentes cubanos actuaban sin duda “orientados” por su Comandante en Jefe y quizás soñaban a su vez llegar a ser con el tiempo los dos virreyes, (o mejor sátrapas) de la sección cubana del nuevo Estado. ¿Por qué Fidel Castro jugaba con esta idea? No puedo colegirlo. Lo cierto es que nunca trató públicamente del tema. Después hubo un cambio de planes y con la caída en desgracia de Lage y Pérez Roque el proyecto, aparentemente, se archivó.

Tal y como está planteado, hoy por hoy no parece que vaya a revivirse. Los medios de prensa venezolanos en el exilio, afirman que la presencia cubana en Venezuela gira alrededor de unas setenta mil personas. Esto ya supone una estructura logística imponente; asentada en acuerdos internacionales ordinarios y quizás en tratados secretos. Funciona bien para ambas partes y complicarlos con nuevos artilugios legales no llevaría a ninguna parte. En el único antecedente remoto, la presencia soviética en Cuba, todo acabó sin mayores problemas, a solicitud de Rusia, Estado sucesor de la Unión Soviética.

La problemática del pase de la unión fáctica actual hacia una de jure depende de sendas situaciones vitales, quizá debiera decir biológicas: la de Hugo Chávez con un estado de salud precario y la de los octogenarios hermanos Castro. ¿Cuánto durará este entuerto? Como dicen los mahometanos: El futuro sólo es de Alá.

Notas del artículo

  1. La carrera política inicial de ambos guarda una relativa similitud, pues los dos intentaron apropiarse del poder por la fuerza y fracasaron en el primer intento, pero lo lograron después (Fidel Castro por las armas y Chávez a través de elecciones libres), ambos cambiaron de ideología una vez obtenido el poder y rehicieron el socialismo a su guisa con un fondo marxista pasado por agua. Este mecanismo político de intentar llegar al poder por la fuerza y después por la vía electoral también lo utilizó Hitler, la diferencia es que el Führer nunca cambió su coloración ideológica y la plasmó en su tristemente célebre libro Mein Kampf. Por cierto que ni Chávez ni Castro han descrito su teoría política en un volumen.
  2. ¿Por qué no te callas?
  3. Pido excusas a los lectores por las abundantes referencias personales pero como no soy médico sólo puedo apoyarme en lo que aprendí durante mi dolencia, hoy gracias a Dios superada.
  4. En el diario El País en su edición del 21 de agosto de 2011, p. 4, se informó lo siguiente: “La selvática villa de Siuna, en la región Caribe de Nicaragua es el símbolo del descontento social que vive ese país ante las elecciones del seis de noviembre cuya campaña arrancó este fin de semana. Siuna ha sido el escenario de enfrentamientos violentos después de que decenas de campesinos bloquearan las carreteras para exigir al Consejo Supremo Electoral (CSE) los documentos de identificación necesarios para poder votar. Unos 8000 adultos de la zona no tienen papeles, situación que afecta a más de medio millón de nicaragüenses. Muchos viven en regiones opositoras al presidente Daniel Ortega”. Más adelante el propio diario informa que antes había habido rebeliones en las villas de San Fernando y San José de Bocoy. También se han registrado protestas en Managua, aunque con menos intensidad, frente a la sede del CSE, donde los manifestantes han pedido la renuncia del presidente de ese organismo, Roberto Rivas. Rivas está acusado de fraguar el fraude electoral que les dio el triunfo a los sandinistas en las elecciones municipales de 2010. Otro ejemplo de este asunto lo reveló El Nuevo Herald de Miami en su edición del 11 de septiembre de 2011, p. 4A, donde informa que el gobierno ecuatoriano exige a sus nacionales que se han naturalizado ciudadanos americanos que exhiban para salir del Ecuador la cédula de identidad ecuatoriana a pesar de ser titulares de un pasaporte de los Estados Unidos y querer regresar a ese país.
  5. En Latinoamérica desde la Revolución Estudiantil que se inició en Córdoba, Argentina, a principio del pasado siglo, los estudiantes universitarios han tenido un gran peso en la vida política de las naciones hispanoamericanas. De ahí nació Fidel Castro a la vida pública. Como un buen ejemplo de la vigencia de este fenómeno tenemos los casos de Colombia y especialmente Chile.
  6. Hacerse santo quiere decir colocarse bajo la protección vitalicia de una deidad (orisha) del panteón afrocubano. No tiene nada que ver directamente con la creencia católica de invocar la ayuda de una persona que se supone se encuentre en la presencia de Dios. Se habla de santería porque los babalaos o sacerdotes de la fe yoruba identificaron a sus dioses con las vírgenes y santos católicos para poder rendirles culto en la época de la colonia.
  7. El 21 de agosto de 2011 El Nuevo Herald afirmó que Chávez criaba gallos en el Palacio de Miraflores. Es de notar que en la santería se efectúan sacrificios de aves de corral y cabras principalmente… Además, en los medios venezolanos de Miami se rumora que Chávez hizo abrir el sarcófago del Libertador Simón Bolívar y se quedó a solas con los restos, para robarse un pedazo de hueso del patriota con el fin de que un brujo palero (dedicado a la magia negra dentro de la Santería) le preparara un “resguardo”, especie de escapulario o detente católico, para que lo librara de todo mal. Sin embargo, parece que el cáncer pudo más.

Del Autor

Leonel Antonio de la Cuesta
Profesor universitario en los Estados Unidos durante cuatro décadas. Dirigió durante dieciocho años el Programa de Formación de Traductores e Intérpretes de Florida International University. Está acreditado por la American Translators Association y es uno de los principales analistas de Derecho constitucional cubano. Ha publicado varios libros, el último de ellos es Constituciones Cubanas desde 1812 hasta nuestros días.