Antonio Machado
Palabra en el tiempo

Pedro Sevilla

Sentencias y donaires

Antonio Machado
Renacimiento. Sevilla, 2010

 

Sentencias y donaires Antonio MachadoCon sugerentes formato y maquetación, la sevillana editorial Renacimiento ha lanzado al mercado un manojo de Sentencias y donaires de Antonio Machado -recogido por Manuel Neila-, que en esta edición ha utilizado textos que en poesía corresponden a Soledades. Galerías. Otros poemas y Campos de Castilla, y en prosa al amplio arsenal de Juan de Mairena.

Hasta hace nada uno tenía a la poesía -la emoción- y la filosofía -el pensamiento, el conocimiento- como disciplinas antagónicas. O se era poeta o se era filósofo, oJuan RamónJiménez o Kant. Unamuno era un filósofo con una poesía mediana y Bergamín algo así como al revés. Antonio Machado era palabra en el tiempo, Castilla y aire azul, ética poética, que se había sacado de la manga a un profesor de Retórica para fustigar vicios de políticos y poetas y para entrecogernos en nuestras contradicciones más acendradas con su verbo florido y hermoso. Mairena fue durante mucho tiempo ese “otro” pendantón y cascarrabias que todos llevamos dentro y no ese pensador sesudo, liberal y desvalido que se nos ha ido revelando.

Precisamente estas Sentencias y donaires que Renacimiento nos ofrece, contribuye a esa nueva imagen mairenera que le sitúa como complementario del Machado poeta y no como la cara B y sombreada que algunos vimos. La emoción y el pensamiento, lo que nos dicen las cosas y lo que son las cosas, no están reñidos y pueden batallar y expresarse bizarramente en el mismo corazón, escribirse con la misma sangre, porque como explica Neila en su prólogo se trata de “aumentar en el mundo el humano tesoro de la conciencia vigilante”.

Leyendo este libro, no he parado de acordarme del de otro poeta filósofo, el jerezano José Mateos, que en La razón y otras dudas, (Pre-Textos 2007), tira de otro Juan, esta vez Espectro, profesor don Juan Espectro, igualmente sesudo, liberal y desvalido como el Juan de Mairena de Machado, para impartir clases en una Escuela Popular de Docta Ignorancia y, en palabras del autor en su prólogo, oír las lecciones que nos da la vida y aprender fundamentalmente que las preguntas más importantes sólo se pueden responder con la vida: “Que sólo viviendo de una determinada manera las contestamos”.

La premonición de la guerra europea, la peligrosidad de mal leer y malinterpretar a Nietzsche,  la eterna actualidad de Shakespeare, la transparencia de Bécquer, la persecución de los judíos, el marxismo, la tendencia española a embestir a la primera,  nada escapa a los escrutinios del profesor Juan de Mairena, del Machado pensador, agavillados en esta oportuna recuperación.

Sentencias, aforismos nacidos en los paseos tristes por Castilla, el caminante y su sombra –así se llama un libro de aforismos de Nietzsche- se dice de sí mismo por boca de Abel Martín: “Viví, dormí, soñé, y hasta he creado / un hombre que vigila / el sueño, algo mejor que lo soñado”. Desdoblamiento, doblez, como queramos, pero en el fondo, en lo hondo, en lo auténtico, el afán de aunar la vida y el pensamiento, la creación y la razón.