Czeslaw Milosz: La esperanza existe

Jorge de Arco

Tierra inalcanzable

Czeslaw Milosz
Círculo de Lectores. Galaxia Gutenberg, 2011
Traducción, selección y prólogo  de Xavier Farré

 

Tierra inalcanzable C Milosz Las letras polacas recibieron el reconocimiento de la Academia Sueca, tras conceder el Premio Nobel de Literatura a Czeslaw Milosz y Wislawa Szymborska, en 1980 y 1996 respectivamente. Ambos poetas, reafirmaban así la capital importancia de uno de las literaturas más ricas de la Europa del siglo XX y la trascendencia que ha tenido la poesía dentro del complejo acontecer histórico de esta nación, incesantemente acosada. La proximidad de sus grandes vecinos, Rusia y Alemania, ha convertido a Polonia en una suerte de país heroico, donde la resistencia cultural se ha mantenido siempre latente como inmejorable ejemplo de su más pura identidad.

La recepción literaria de los escritores polacos en España ha mejorado de forma sensible en los últimos tiempos, y autores como Witold Gombrowicz, Stanislaw Lem, Jerzy Liebert,  Adam Zagajewski, Bruno Schulz, Tadeusz Konwicki, Jan Twardowski, …, nos resultan ya hoy familiares.

La reciente aparición de `Tierra inalcanzable´, de Czeslaw Milosz, contribuye a dar mayor vigencia a este proceso de recuperación y conocimiento de una literatura selecta y comprometida.

Nacido en la localidad lituana de Vilna en 1911, Milosz vivió una infancia y una adolescencia marcadas por los continuos exilios dentro y fuera de Polonia, su verdadera patria -“Llevo en mi recuerdo a Lituania, un país de leyendas mitológicas y poesía. Mi familia, en el siglo XVI, ya hablaba polaco (…) Soy pues un poeta polaco y no lituano. Pero los paisajes y también posiblemente el espíritu de Lituania nunca me abandonaron”, confesaba en su discurso  de investidura del Nobel-. Tras su paso por Francia, en la década de los sesenta se instaló en Estados Unidos y ejerció como profesor en la Universidad de Berkeley. En 1993, regresó a Polonia -en donde su obra estuvo prohibida durante tres décadas- y murió en Cracovia en el año 2004.

La traducción, selección y prólogo de esta edición han corrido a cargo de Xavier Farré, quien ha realizado un espléndido trabajo a la hora de verter al castellano la compleja dicción milosziana, completando un ilustrativo estudio previo para el mejor conocimiento del poeta. En él, ofrece sus claves vitales y creativas y afirma que “en Milosz todos los elementos se dan de forma reiterada, sin ser en ningún instante excluyentes. Es un poeta elegíaco y epifánico. Un poeta que pone ante los ojos del lector la crueldad, la barbarie, la destrucción y al mismo tiempo los momentos de exaltación del mundo, de la belleza. Su poesía contiene todas las vías, los caminos, las contradicciones, los integra todos para exponerlos en otra dimensión”.

Y en efecto, a través de un verbo rico en matices, de un verso moldeable y enriquecedor, de un tiempo vivido con suma intensidad (“La esperanza existe si alguien cree,/ que la tierra no es un sueño, sino un cuerpo vivo”), de una ironía sanadora, de una vastísima cultura, de un discurso integrador…, van sucediéndose las páginas de esta antología que reúne muestras de sus más de quince poemarios editados.

Desde que en 1933 -contaba con tan solo veintidós años- diera a la luz “Poema sobre el tiempo congelado”, su obra fue cimentándose en un riguroso compromiso con la autenticidad que debe comportar toda la poesía escrita desde los adentros (“Amo la materia que sólo es un espejo que gira./ Amo el movimiento de mi sangre, única razón del mundo./ Creo en la destructibilidad de todo lo que existe./ Para no perderme, tengo en la mano un lívido mapa de venas”, reza su poema “Mañana”, inserto en el citado título y que abre esta compilación).

Cabe resaltar, además, la inquietante y constante batalla que mantuvo con respecto a su condición religiosa. Recuerda, en buena medida a esa lucha unamuniana que llevó al escritor vasco a confesar: “Mi religión es luchar con Dios desde el romper del alba hasta el caer de la noche”: En Milosz, esa pelea se dirime en su ansia de comprobar empíricamente tal existencia, pues siente que no es suficiente cuanto recibe del cielo: “ A cierta distancia Te sigo, y me avergüenzo de acercarme más (…) Quizá realmente sí Te he amado en secreto”, dice en su poema “Distancia”.

Al privilegio lingüístico de haber nacido en un territorio donde se hablaban cinco lenguas -polaco, bielorruso, ruso, yiddish y lituano-, unió el hecho de continuar sus estudios y dominar el francés y el inglés. Por ello, siempre amó la palabra y la supo dadora de verdades para el bien común de la humanidad. Mas sobre todo, el idioma que lo vio crecer y hacerse escritor para siempre: “Lengua mía fiel,/ te he servido”:

Necesario y oportuno, pues, este bello florilegio, que ahonda en la concepción lírica de un poeta con mayúsculas, de un poeta que abre su casa, “sin llaves en la puerta” para que “invisibles huéspedes” entren y salgan.