Dolan Mor y el arte de "apretar la tuerca de la poesía"

Por Luis Rafael

Dolan Mor poeta cubano

Enmascarando sus libros tras numerosos seudónimos y heterónimos, que revelan su deseo de jugar con la literatura (como antes su coterráneo Luis Rogelio Nogueras, Fernando Pessoa, Borges o Cervantes), el poeta cubano Dolan Mor (Pinar del Río, 1968), residente en España desde 1999, más que emigrante o “transterrado”, se sabe bajo el cielo de una lírica que se bifurca en experimentaciones y hermetismos para hablar de sí misma y de temas intemporales, asumiendo el lenguaje como reto de escritura. Consciente de que “ser poeta es una dulce maldición”, el autor de El plagio de Bosternag (2004); Las historias de Jonathan Cover (2005); Seda para tu cuello (2006); Nabokov’s Butterflies (Premio de Poesía Delegación del Gobierno en Aragón, 2007); Los poemas clonados de Anny Bould (Premio Internacional Miguel Labordeta de Poesía, 2008); El libro bipolar (Premio Santa Isabel de Portugal, 2009); La novia de Wittgenstein (Premio Internacional Barcarola de Poesía, 2009), en una lúcida entrevista, declaró sentirse, “por encima de un exiliado”, “sobre todo, poeta”.  Y en “Confesiones” advierte: “Soy feliz con vivir sencillo, aspiro a eso: / Posado, como un pájaro, sólo quiero una rama para cantar / mis versos, también una ventana para mirar el mundo […], / Un marco, / una ventana para asomar mis ojos, humilde, con asombro, / sabiendo que soy polvo, y, debajo del cielo, un animal o nada.” Al cabo, como señala Alejandro Pérez en una reseña sobre su obra: “La poesía es la manera más digna que ha encontrado de sobrevivir”.

Del mismo modo en que antes lo hicieran Eliot, Pound, Celan, Vallejo, José Lezama Lima o José Kozer, ajeno a localismos, modismos y esnobismos, Mor arriesga en cada nuevo texto su éxito literario para sustanciar lo que realmente le interesa, la indagación en el discurso, el bojeo en la vida desde la reminiscencia transgresora de la palabra. Los géneros y la poesía misma son espacios de movilidad que le permiten construir personajes en los que se reconstruye y se refleja, mediante hologramas, plagios, apropiaciones, transexualidades, manuscritos apócrifos y fragmentos de un mundo inverosímil que es también el nuestro: “Vivimos un tiempo de eclecticismos y mezclas, quien se queda en un solo sitio, quien no trasciende fronteras, quien no abra su mente, pierde el sentido de la multiplicidad que es, si analizamos la sangre humana, lo que más se parece a uno mismo. Es sencillo. El hombre es él y las circunstancias, pero también es él y los otros.”

En los tiempos en que el hombre se siente más que nunca “ciudadano del mundo” y el universo parece pequeño, cual “aldea planetaria”, el sujeto lírico de Dolan Mor viaja de un polo a otro de la sexualidad; la desdicha y la fe; la pasión y la desesperanza; el anonimato y el suicidio, al cabo será ese simbólico “moscardón de ojo / negro / (asílido sin alas)” que se posa sobra la flor y la alambrada, para reeditar el debate de la Modernidad en la Neomodernidad traslúcida de su verso, el cual en la ironía se sustancia, desvelando falaces los nacionalismos y los nexos contradictorios entre historia y realidad. Aunque parezca enajenado y romántico como Hölderlin o Poe, el poeta Dolan Mor es capaz de “racionalizar” su arte para “asumir un riesgo diferente en cada nuevo libro” y “apretar la tuerca de la poesía, aunque se vaya de rosca”.