Luis Pulido Ritter y la dura panameñidad

Por Amir Valle

Luis Pulido RitterDos meses en Panamá me han bastado para entender más a fondo la narrativa de uno de los escritores panameños que considero más originales en la actualidad: Luir Pulido Ritter.

Y es que mis labores de periodista me llevaron a conocer una realidad que desconocía totalmente, aún cuando había tenido noticias de ella a través de la prensa, de la cuentística y de ese convulso y maravilloso mundo novelado por Pulido Ritter en su novela ¿De qué mundo vienes?

El propio Pulido Ritter había llamado ya mi atención cuando en uno de sus artículos sobre el tan llevado y traído concepto de la “identidad” escribió: “la identidad nacional en nuestros países, para decirlo con toda claridad, ha servido muchas veces (¿o siempre?) para colonizarnos internamente, borrar las diferencias étnicas y culturales, en fin, crear la ilusión de que con la nación nos igualaremos. Pero, finalmente, el racismo, la exclusión y la marginalidad, es lo que termina encubriéndose.”

Y esa sentencia suya fue una de las verdades que, después de haberla encontrado en su narrativa, pude vivirla en las calles de su país, o atravesando el barrio de San Miguelito, o caminando San Felipe junto a una muy popular maestra, negra cordial a quien fuimos a buscar porque mi colega panameña, la periodista Leslie Jaen, me dijo que “estando por ella estamos seguros en esos calles. Es un mito que hasta los delincuentes respetan”; o asombrado entre el contraste del lujo de Paitilla y los barrios periféricos; o aquel edificio de varias plantas, habitado aunque no tenía ni puertas ni ventanas, en Curundú; o la cara angustiada de la gente esperando la llegada de unos buses tropicalísimamente hermosos pero tan peligrosos como sus nombres: Diablos Rojos; o esas mansiones preciosas en Clayton, Albrook y otras zonas ricas, que nada tenían que ver con esa ciudad destruida que vi abajo apenas el avión dejó el mar y apuntó el pico hacia Ciudad Panamá.
Todo ese contraste, todas esas zonas limítrofes, humanas, arquitectónicas y geográficas subyacen en la narrativa de Luis Pulido Ritter. Y ahora sé que es una literatura genuina: la viví en las páginas de su libro y en los cuentos que le he oído leer, pero también la viví en la más dura panameñidad. Hoy sé que Pulido Ritter es un escritor realista a pesar de lo tremebunda que pueda parecer, por ejemplo, su novela ¿De qué mundo vienes?, y sé que la ficción empieza allí donde el autor sabe que debe insuflar vida propia al mundo narrado más allá de la verdad, de la realidad misma que le dio origen.

Le escribí desde su país (como yo, Pulido Ritter vive en Berlín) diciéndole que en Panamá la corrupción podía olerse hasta en los supuestamente más limpios efluvios de los barrios ricos y comprendí muchas de las claves de su obra comprobando in situ cómo un gobierno democráticamente elegido puede convertirse en una narcodictadura tan enajenante como enajenante es la vida de los protagonistas de sus obras. Encontré en mis andanzas por Ciudad Panamá y por Chitré a muchos de esos personajes que van y vienen por las historias que Pulido Ritter cuenta. Y fue como mirar en el espejo de una cruda realidad cotidiana la imagen de lo narrado en las páginas de Pulido Ritter.

La droga, la prostitución, el crimen organizado, la corrupción policial, la grotesca manipulación política de las causas de la desgracia de un país, que aparecen como telón de fondo, como preguntas lanzadas al lector, en la narrativa de Pulido Ritter, es el modo que el autor ha encontrado para que el racismo, la exclusión y la marginalidad no termine encubriéndose, como hasta ahora mismo, cuando escribo estas palabras.