Vicente Botín y otras miradas sobre Cuba

Por Amir Valle

Vicente BotínMe ha llamado mucho la atención que los dos últimos corresponsales de la Televisión Española en Cuba antes de la que ahora está: Sagrario Mascareno, hayan publicado libros intentando mostrar las caras que la isla les enseñó. José Manuel Martín Medem es autor de ¿Por qué no me enseñaste cómo se vive sin ti? – Diario de un corresponsal de RTVE en Cuba, y La hora de los mameyes, que analiza el futuro de la isla tras el relevo de poder de Fidel Castro a su hermano Raúl, y Vicente Botín publicó Los funerales de Castro y Raúl Castro: La pulga que cabalgó al tigre.

Vicente Botín estuvo en Cuba en un momento periodísticamente inigualable: la enfermedad del dictador Fidel Castro y la cesión que hizo, a dedo, del poder a su hermano Raúl. Y eso es como estar en el fenecimiento de un imperio y el nacimiento de otro, pues aunque haya cadenas que atan a estos dos perros al mismo tronco de la represión, es de tontos negar que cada uno ha establecido diferentes modos de mantener bajo sus botas al pueblo cubano. De todos esos avatares tratan los dos libros de Vicente.

Y lo hace bien, con mucha de esa objetividad periodística que caracteriza al buen periodismo sin que el periodista renuncie a su filiación y a sus ideas sobre la realidad reflejada. Pero lo que más me ha llamado la atención en estos dos libros es la mirada del periodista, que resalta especialmente en un país que debería ser más unido sentimentalmente a Cuba pero que, a pesar de todas las deudas históricas y los lazos que nos unen, muestra a una intelectualidad que amparada en los sueños de la izquierda apoya a la dictadura más larga que ahora mismo existe en el mundo.

Hablan muy bien de la decencia de Vicente Botín sus libros. Y esa mirada crítica desde la profundidad del análisis de la más cotidiana realidad vivida por él mismo; ese modo de entender las claves internas de un proceso que lleva años presa de una enfermedad terminal que precisamente apoyos como el de la intelectualidad española ha permitido alargar; esa comprensión de las dificultades de los cubanos de a pie para proyectarse mediante la verdad sobre la realidad política y social que los rodea, asfixiándolos y obligándolos a un mutismo social que es, también, un freno al movimiento que necesita la sociedad, muestran a un periodista que no se conformó con las apariencias y los cánticos de sirenas del discurso oficial cubano (defecto que, lamentablemente, sí han padecido y padecen otros muchos colegas periodistas en muchas partes del mundo).

Me parecen justísimas las palabras de LLuís Bassets cuando dice sobre el primer libro que: “El periodismo es precisamente una actividad que se construye directamente contra la ceguera voluntaria. Vicente Botín no tiene antipatía alguna de principio por el peculiar socialismo cubano, pero es evidente que no quiso mirar hacia otro lado en ningún momento durante sus años de corresponsal de Televisión Española y ha querido ahora pasar a limpio lo más sustancial de aquella experiencia.”

Va más allá todavía Vicente en su segundo libro tras una verdad poderosa: el destino de un país llega de pronto a uno de los seres más nebulosos de la política cubana, Raúl Castro. Y el periodista se lanza de cabeza, gracias a una sólida investigación de fuentes, documentos, testimonios de familiares y colaboradores del castrismo actualmente en el exilio tras la develación de cuál será ese destino para la isla que ni el más lúcido de los cubanos puede vaticinar con certeza.

Dos libros necesarios, dos libros de gran periodismo. Pero, sobre todo, dos libros que deberían leer a fondo muchos de esos ilustres intelectuales que, luego de sobrevivir al franquismo del cual hoy hablan pestes en cuanta tribuna le es posible, apoyan con sus palabras, con sus libros y con su accionar personal a una dinastía que, según van las cosas, pretende perpetuarse en el poder político de Cuba, aún incluso después de la lógica, por ley natural, muerte de Fidel Castro y de su hermano Raul.