"Te juro que este es uno de los oficios más jodidos que existen"

Entrevista al escritor cubano Leonardo Padura

Por Lorenzo Rodríguez Garrido

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Después del éxito internacional cosechado con El hombre que amaba a los perros, novela sobre Trotsky y Ramón Mercader y las vicisitudes que jalonaron la trayectoria de cada uno hasta confluir en su fatal desenlace, Leonardo Padura (La Habana, 1955) regresa a las librerías españolas con otro policíaco. Y lo hace con La cola de la serpiente, séptima entrega de Mario Conde, policía desencantado y melancólico, aficionado al beisbol y escritor en ciernes, cuyas andanzas por una Cuba revolucionaria y llena de contradicciones han sido traducidas a más de quince idiomas. Ahora, el Conde es reclamado por la explosiva Patricia Chion para investigar un asesinato en el Barrio Chino de La Habana.

Conde dejó la policía al final de Paisaje de otoño. Luego vinieron Adiós, Hemingway y La neblina del ayer en donde, dedicado a la compraventa de libros de segunda mano, resolvió dos crímenes muy lejanos en el tiempo. En La cola de la serpiente se nos traslada a 1989, a una investigación que cronológicamente está ubicada justo después de Vientos de cuaresma, la segunda novela de la serie. Sobre la curiosa transformación en novela del relato original homónimo conversamos con Padura en esta entrevista.

 

Cuéntenos la génesis de esta “noveleta”.

Este es un texto que ha tenido una suerte peculiar. Yo lo escribí por primera vez hacia 1995 y lo concebí como un relato largo que, con otros dos o tres textos de similar longitud, podrían formar un libro. Pero esos otros textos nunca llegaron. A finales de esa década, cuando terminé Adios, Hemingway y fuimos a publicarla en Cuba, se me ocurrió que la mejor forma de darle una salida era “convoyarlos” pues en Cuba cuando puedes publicar algo, tienes que aprovechar. Pero, para esa edición hice una reescritura del relato que se convirtió en una noveleta, la misma que saldría en Italia y Francia… Pero, cuando al fin tuvimos la posibilidad de publicarla con Tusquets, volví a leerla y me di cuenta de que todavía el texto necesitaba, exigía más aire, atmosfera, respiración… y creció hasta ser la novela que ahora es y que creo que ya será para siempre.

Como en el momento de la primera escritura Mario Conde todavía era policía, pues la lógica de la vida del personaje me exigía que lo mantuviera en esa condición. Pero no solo por la biografía de Conde, sino por la misma historia. Porque a finales de los años 1980, cuando escribí un largo reportaje sobre la historia del Barrio Chino de La Habana, me di cuenta de que estaba escribiendo el epitafio del barrio, su agonía, pues los últimos chinos verdaderos pronto desaparecerían… y para esta historia yo necesitaba de esos chinos, de su filosofía, forma de vida, historias personales. Por esa razón la historia ocurre en 1989, y no avanza en el tiempo histórico y en el del Conde como Adios, Hermingay, La neblina del ayer y la novela que ahora estoy escribiendo, que se desarrolla en el 2008, con un Conde de 54 años…

Leonardo Padura y Lorenzo Rodríguez Garrido

¿Qué presencia tiene hoy la comunidad china en Cuba?

Prácticamente ninguna… Lo que se me hizo evidente en 1988 es una realidad en el 2011: ya solo quedan un par de decenas de chinos verdaderos, de los que originalmente dieron forma y carácter al barrio chino de La Habana. La emigración desde China se detuvo en los años 1940 y hoy el Barrio Chino es una caricatura folklórica para turistas.

 

The guardian lo ha comparado con Dashiell Hammett. Ud. siempre dice que hace novelas policiacas gracias a Hammett y a Vázquez Montalbán. ¿Qué aportaciones le han hecho en su literatura? Aparte de esa pasión por la gastronomía que comparten Conde y Pepe Carvalho…

Ningún escritor de novelas policiales que se respete puede siquiera intentar escribir algo cercano al género -como es mi caso, más cercano que propiamente dentro del género- sin haber bebido en la fuente que son Hammett y Chandler, los autores que recuperaron el sentido literario original del género (Poe, Collins, Doyle) cuando había derivado hacia un mero ajedrez dominado por el enigma. El carácter social de esta novelística es creación de esos autores, y mis novelas son o pretenden ser, esencialmente sociales. Con respecto a Vázquez Montalbán ocurre algo parecido, sobre todo para los que escribimos en castellano, pues Manolo logró hacer literatura, policial, en lengua española, con unos niveles de calidad estética muy elevados. Mi deuda con esos escritores es infinita y fueron y todavía son mis modelos a seguir, mis “muertos a nockear”, como pedía Hemingway.

 

La cola de la serpienteEn La cola… Mario Conde empieza a ojear algunos títulos de su biblioteca hasta llegar a Fiebre de Caballos, la primera novela que Ud. publicó (aún inédita en España). Una historia de amor protagonizada por Andrés, uno de los mejores amigos del Conde. Tengo la sospecha de que el autor de Fiebre podría ser el mismo Conde. Por otra parte, al final de Paisaje de Otoño, Conde se sienta a escribir una historia llamada Pasado Perfecto. ¿Conseguirá escribir novelas alguna vez?

Pues no lo sé. Más bien creo que no. Conde es un soñador, alguien que tiene aspiraciones que nunca le llegan, y esta es una de ellas. Prefiero que mantenga la relación de consumidor que tiene con la literatura, el oficio de comprar y vender libros de segunda mano, la aspiración a escribir alguna vez una novela que obligarlo a escribir, lo cual es bastante duro. Ya fui suficientemente cruel con él al hacerlo trabajar diez años como policía para ahora, en su vejez, hacerlo sufrir, más que escribir, una novela. Porque te juro que este es uno de los oficios más jodidos que existen…

 

Conde está más salido que nunca.

Es que este Conde es el mismo de Vientos de cuaresma, tiene 35 años y… la provocación de ver a alguien como Patricia es demasiado fuerte para cualquier heterosexual cubano de esa edad.

 

Hace dos veranos, cuando estuve en su casa de Mantilla, me dijo que andaba escribiendo una novela en donde la pintura de Rembrandt  iba a tener mucho protagonismo.

Y en ello estoy. Ya he avanzado una parte considerable del camino, pues tengo escrita una primera versión de la historia del judío que quiere ser pintor y se acerca a Rembrandt. También lo que será el inicio de la novela, cuando Conde, en el 2008 y con 54 años, anda en busca de una emo que se ha perdido en La Habana. Y estoy ahora escribiendo la historia de un judío polaco que llega a Cuba en 1938 y cuya familia ha guardado durante 300 años un retrato que pintó aquel sefardí que se acercó a Rembrandt. Cuando termine esta parte, entraré en una cuarta, que ocurre fundamentalmente en Miami y Nueva York, alrededor del judío polaco que vivió en Cuba. Estas cuatro historias coinciden en una búsqueda de los rastros cubanos de esa obra del sefardí que en realidad… es de Rembrandt. Va a ser una novela sobre la libertad, sobre la posibilidad de libre elección del individuo en distintas sociedades y coyunturas. Y por esa razón la voy a titular Los herejes. Para saber más, espera un poco para que yo pueda terminarla y tú puedas leerla.