Se fortalece el narcogobierno

Mauro Zúñiga Araúz

Es un hecho conocido que muchos de los gobiernos de los Estado que producen y trafican la droga han estado, de una u otra forma, vinculados a los narcotraficantes. Lo mismo puede decirse con instituciones y algunos sectores administrativos de los países importadores. Hay una triangulación entre gobierno, empresarios y narcotraficantes.

La escritora mexicana Anabela Hernández estudió la conexión entre los expresidentes Echevarría, Salinas de Gortari, Vicente Fox y el actual, Felipe Calderón, con este ilícito negocio. Al expresidente de Colombia, Álvaro Uribe, también se le menciona en esta actividad. Manuel Antonio Noriega, el exhombre fuerte de Panamá, estuvo detenido en los Estados Unidos por narcotraficante. Este último ha sido, tal vez el único que ascendió al poder siendo traficante; a los demás, como ya se está convirtiendo en una tónica, los ayudan en sus respectivas campañas proselitistas para involucrarlos después en el negocio ilícito.

El caso de Ricardo Martinelli Berrocal, actual Presidente de Panamá, tiene ribetes que hay que destacar. Empezó en el lavado de dinero en los últimos años de la década de los setenta del siglo pasado con Manuel Antonio Noriega, a través de su primer Supermercado. Posteriormente se involucró en el narcotráfico siguiéndole los pasos al General Noriega, de manera que, antes de ser Presidente, ya era Capo. Esto es un secreto a voces en Panamá, pero es un tema vetado en las dos grandes televisoras y en todos los medios noticiosos impresos.

Yo he denunciado estos vínculos, pero Martinelli Berrocal ha dado órdenes estrictas a estos medios para que no se me invite a ningún programa en vivo, ni para que se me permita escribir en los medios impresos.

En Panamá, algunos medios hicieron hace un tiempo una campaña para pedir “libertad de expresión”, pero fue tan burda que tuvieron que suspenderla. Yo la critiqué por ocultar la lucha por la “libertad de expresarse”. A mí no se me permite expresarme libremente en la televisión ni en los medios escritos. La razón es única: porque irrito al Presidente y denuncio sus vínculos con el narcotráfico. Por otra parte, los medios sí denuncian actos de corrupción de los miembros del gobierno, y festinan cuando un empleado subalterno es indagado o detenido; pero jamás se han atrevido a llegar al titiritero, a pesar de que saben que en Panamá no llega un centavo a ningún funcionario sin dejar la coima en los bolsillos del Presidente. De igual manera, se atrevieron a denunciar el soborno de uno de sus ministros, el de Seguridad, José Raúl Mulino, por parte de la empresa italiana Finmeccanica, cuando saben que el negocio se gestionó entre Berlusconi y Martinelli, a través del prófugo Walter Lavitola.

Según datos proporcionados por el Centro de Estudios Estratégicos de Panamá, Ricardo Martinelli Berrocal es Director de noventa y nueve empresas y Suscriptor de 139; su esposa, Marta Linares de Martinelli, es Directora de 144 empresas y Suscriptora de 46; su hijo, Ricardo Martinelli Linares, es Director de dieciocho empresas y Suscriptor de 2; su hijo, Luis Enrique Martinelli Linares, es Director de 36 empresas y Suscriptor de 27 y su hija, Carolina Martinelli, es Directora de 6 empresas. Empresas, por cierto, que abarcan muchas actividades de bienes y servicios. Por otra parte, el Presidente tiene la costumbre de enviarles funcionarios de la Dirección General de Ingresos a los empresarios que le niegan la venta de sus empresas con la idea de chantajearlos.

Ricardo Martinelli Berrocal controla todo el país: la administración del Estado, los medios de Comunicación Social y a los ciudadanos por medio de ilegales escuchas personales. Nuestros teléfonos y correos electrónicos están intervenidos. La llegada de Noriega ha vuelto a reagrupar el antiguo G-2 (Servicio de Inteligencia militar, responsable de asesinatos, torturas y desapariciones durante la Dictadura Militar). A mí, por ejemplo, me secuestraron y torturaron el 21 de agosto de 1985. En la actualidad, antiguos agentes de esa institución me están intimidando. Ya le he entregado los nombres a terceros en caso de algún “accidente”. Por otra parte, le he solicitado a Ricardo Martinelli Berrocal que permita que se le haga una auditoría independiente de su fortuna.

Pueda ser que este artículo sea leído por una institución internacional interesada en investigar el funesto negocio del narcotráfico.